Labriego Sencillo

Categoría Cuba

De las armas a la batalla con las palabras

FIDEL CASTRO CAMBIA DE TERRENO, PERO NO DE BANDO

Recibida con acentos apocalípticos por la mayor parte de la prensa occidental, la renuncia de Fidel Castro a la presidencia de su país no implica forzosamente cambios abruptos en Cuba. De donde podría provenir un vuelco significativo es de su principal enemigo, Estados Unidos, si en las próximas elecciones se impusiera el demócrata Barack Obama.

El martes 19 de febrero, a través de un “Mensaje del Comandante en Jefe” publicado en el diario Granma de La Habana, Fidel Castro anunciaba que ponía punto final a su larga y extraordinaria carrera política, renunciando a ser candidato a su propia sucesión en la Presidencia de Cuba.

Sigue siendo –al menos, por el momento– Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba (PCC), lo que dista de ser una función menor en un sistema político de partido único. En principio, anunciaría su eventual dimisión durante un Congreso del PCC, pero no lo ha habido desde 1997. Hasta ahora, el cargo de Primer Secretario nunca estuvo disociado del de jefe del Ejecutivo en ningún país comunista. Es pues poco probable que Fidel Castro conserve su puesto en el seno del Partido, dado que también renunció a ser Presidente del Consejo de Ministros (Primer Ministro).

De todos modos, su inmensa influencia en la opinión pública cubana perdurará. En la medida en que aunque abandonó la presidencia, tal como dijo en su mensaje, fue también para dedicarse, de alguna manera, al “4º poder”: seguirá escribiendo en el diario de mayor tirada de la isla, Granma, “órgano central del Partido”. En su nuevo cuartel general clandestino, sigue siendo pues el combatiente que siempre fue, aunque sus armas sean ahora exclusivamente las palabras, y su batalla más que nunca la de las ideas. Es un terreno –el de la hegemonía cultural, como diría Gramsci– por el que siempre luchó.
Continua leyendo »

La renuncia de Fidel

La renuncia de Fidel

Frei Betto

Fidel Castro, de 81 años, renunció a sus funciones de presidente del Consejo de Estado de Cuba y de Comandante en Jefe de la Revolución. Dedicado a cuidar su salud, prefiere mantenerse fuera de las actividades de gobierno y participar en el debate público -que siempre le encantó- a través de sus artículos en los medios. Permanece, sin embargo, como miembro del Buró Político del Partido Comunista de Cuba.

El próximo domingo día 24 Raúl Castro, de 77 años, será elegido, por los nuevos diputados de la Asamblea Nacional, para ocupar las funciones de primer mandatario de Cuba.

Es la segunda vez que Fidel renuncia al poder. La primera fue en julio de 1959, siete meses después de la victoria de la Revolución. Elegido primer ministro, chocó con el presidente Manuel Urrutia, que consideró muy radicales las leyes revolucionarias, como la de reforma agraria,
promulgadas por el consejo de ministros. Para evitar un golpe de estado, el líder cubano prefirió renunciar. El pueblo salió a las calles apoyándole. Presionado por las manifestaciones, Urrutia no tuvo otra alternativa que dejar el poder. La presidencia fue ocupada por Oswaldo
Dorticós, y Fidel volvió a la función de primer ministro.

Estuve en Cuba en enero de este año, para participar en el Encuentro Internacional sobre el Equilibrio del Mundo, a la luz del 155º aniversario del nacimiento de José Martí, figura paradigmática del país. Regresé a mediados de febrero para otra reunión internacional, el
Congreso Universiade 2008, en el que participaron varios rectores de universidades brasileñas.
Continua leyendo »

2008, el año de la verdad en Cuba

2008, el año de la verdad en Cuba
(El País)
El teatro Mella, en el barrio habanero del Vedado, se vino abajo el
pasado día 26 cuando el trovador Pablo Milanés terminó de cantar Dos
preguntas de un día. Con palabras de andar por casa, reales y duras
como la vida, la canción cuenta una historia bien conocida por los
cubanos: “Mi hermano Jacinto / que vive en La Habana / no sabe si su
hija / que tuvo una nieta / que aún no ha conocido / sabrá que su
madre / murió de repente. Las autoridades no lo dejan salir…”.
Milanés, uno de los artistas más queridos en el país y por mucho
tiempo emblema de la revolución, reflexiona al concluir este tema:
“¿Ha valido la pena? / Pregunto, no sé / Ha valido la pena? /
Respondo, no sé”.

El público que abarrotó el Mella en la presentación de Regalo, su
último disco, recibió su mensaje con aplausos encendidos. Y similar
complicidad cosecharon otras de sus canciones nuevas, como La libertad
o Suicidio. En una de las estrofas de esta última, el músico lamenta:
“Nada me vale lo mismo que ayer / hay cien motivos para no creer / lo
que ayer era una ilusión / hoy se impone como una razón…”, y acaba
desgarrado, “quiero volver / quiero aferrarme a mi pasado / ¿dónde
está?”.

En la platea había mucha gente de la generación de Pablo, la de los 60
años, pero todavía eran más los jóvenes y adolescentes, todos en
sintonía. Al concluir el concierto, una mujer madura que moqueaba de
emoción se limitó a observar que aquellas letras profundas eran “algo
muy necesario” en “estos momentos” de su país. No pudo expresarlo
mejor: como ella, hoy son muchos los cubanos que quisieran que las
inquietudes comprometidas de Milanés y de otra gente como él sirvieran
de revulsivo en la isla para el año que comienza.
Continua leyendo »

Mensaje de Fidel a la Asamblea Nacional

Fidel Castro Ruz

Diciembre 27 de 2007
8 y 40 p.m.

Compañeros de la Asamblea Nacional:

Es muy duro el trabajo de ustedes. Frente a las necesidades acumuladas y crecientes que nuestra sociedad heredó de la neocolonia yanqui el 1 de enero de 1959, muchos soñábamos crear un país con justicia plena e independencia total. En la ardua y desigual lucha, llegó un momento en que nos quedamos solos.

Es legítimo nuestro orgullo cuando estamos próximos a cumplir 50 años del triunfo, porque hemos resistido durante casi medio siglo al imperio más poderoso que se ha creado en la historia. En la Proclama que suscribí el 31 de julio de 2006, ninguno de ustedes vio jamás acto alguno de nepotismo ni usurpación de las funciones del Parlamento. En ese año difícil y a la vez prometedor de la Revolución, la unidad del pueblo, el Partido y el Estado eran requisito esencial para seguir adelante y enfrentar la amenaza declarada de una intervención militar enemiga por parte de Estados Unidos.

En la visita que el pasado 25 de diciembre realizó el compañero Raúl a varios distritos del Municipio que me hizo el honor de postularme como candidato al Parlamento, se percató de que todos los miembros del grupo numeroso de la candidatura de la población que abarcaba el distrito que en el pasado se había hecho famoso por su combatividad, aunque de muy baja escolaridad, eran graduados de alto nivel, lo cual le emocionó profundamente, como él mismo narró a nuestra televisión.

Los cuadros del Partido, el Estado, el Gobierno y las organizaciones de masas se enfrentan a nuevos problemas, en su trato con el pueblo inteligente, observador y culto, que detesta trabas burocráticas y explicaciones mecánicas. En el fondo cada ciudadano libra su propia batalla contra la tendencia innata del ser humano a seguir el instinto de supervivencia, una ley natural que rige la vida.

Todos nacemos signados por ese instinto que la ciencia define como algo elemental. Chocar con él es bueno porque nos lleva a la dialéctica y a la lucha constante y desinteresada; nos hace más martianos y verdaderamente comunistas.

Lo que más ha destacado la Prensa Internacional sobre Cuba en días pasados, fue la frase en que expresé el 17 de este mes en carta al Director de la Mesa Redonda de la televisión cubana, que no soy una persona aferrada al poder. Puedo añadir que lo fui un tiempo por exceso de juventud y escasez de conciencia, cuando sin preceptor alguno iba saliendo de mi ignorancia política y me convertí en socialista utópico. Era una etapa en que creía conocer lo que debía hacerse y deseaba poder hacerlo. ¿Qué me hizo cambiar?: la propia vida, a medida que profundizaba en el pensamiento de Martí y de los clásicos del socialismo. Mientras más luchaba más me identificaba con tales objetivos y mucho antes del triunfo pensaba ya que mi deber era luchar por éstos o morir en el combate.

Continua leyendo »